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Máquinas de vapor que nadie quiso

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Explica el escritor gordonés Alfonso García, que la pérdida de la memoria minera, al contrario que ha ocurrido históricamente con una profunda pertenencia de clase, se debe a la «convivencia» con la cultura agraria y ganadera anterior al carbón.

Minusvalorado el duro trabajo minero, añade este defensor a ultranza de todo lo que tiene que ver con Santa Lucía de Gordón, no se afianzó una nueva identidad, lo que con el tiempo ha ido degenerando en «una profunda falta de sensibilidad por conservar y poner en valor el patrimonio industrial, uno de nuestros males endémicos», se lamenta Alfonso García.

Por eso, en su opinión, apenas hay referentes, y menos uno de los emblemas de aquella industrialización, las locomotoras de vapor que trasladaron el carbón desde los pozos hasta el ferrocarril a Asturias y León. «Las máquinas de vapor de los ramales exteriores se han perdido, o han agonizado o han ido a parar a otros lugares, con la consiguiente falta de aprovechamiento, al margen del testimonio evolutivo que se podría exhibir en un museo, y que hoy pudiera haberse hecho desde el punto de vista turístico-económico, como una de las alternativas a las cuencas», se vuelve a lamentar Alfonso García.

 

Todavía hoy es un secreto quién es el propietario de una de las mayores colecciones de locomotoras mineras leonesas, las de Sabero, vendidas en 1968 a una sociedad de amigos del ferrocarril de Inglaterra por 600.000 pesetas de la época. Siete años después de aquella venta, el periodista Gonzalo Garcival intentó saber quién fue el comprador y envió una carta a la Association of Railway y Preservation Societies. Le contestaron, pero no le respondieron al enigma, salvo para decirle que las locomotoras estaban conservadas «y a salvo» y que el dueño no quería publicidad.

En el No-do

Tampoco es que su partida levantara polémica. Para la historia quedó un reportaje del No-do, como una noticia más. Hoy, algunas de ellas se exponen en museos ingleses del ferrocarril y algunas más partieron hacia Cataluña.

No se sabe el número exacto de máquinas de vapor que pudieron servir en las cuencas mineras leonesas. «Es casi imposible. Existe poca documentación y dado el carácter particular de las empresas la información es escasa y confusa», comenta Manuel Serrano, autor de uno de los pocos estudios sobre este tipo de máquinas. «No hay datos fiables; ni siquiera los anuarios que se publicaban años atrás y que he consultado en numerosas ocasiones en la biblioteca de la Fundación de los Ferrocarriles Españoles en Madrid», añade este entusiasta ferroviario de profesión que ahora vive en Alicante.

www.manuserran.com, su página web, aporta no obstante muchas referencias sobre las locomotoras mineras de León. Las cuencas del Bierzo y Laciana guardan su memoria en el Museo del Ferrocarril de Ponferrada, aunque hace poco se ha vuelto a ver la imagen de una de ellas con destino a Alemania.

Una de las primeras locomotoras de vapor que sirvieron en la Vasco vino del antiguo ferrocarril de Valladolid a Medina de Rioseco, donde volvió en 1994. Hoy luce en un parque de la Ciudad de los Almirantes.

No es la única de la Hullera que pervive fuera de León. Otra, la 1026-168, fue adquirida en 1995 por el Centro de Iniciativas Ferroviarias Vapor Madrid. Hoy se encuentra en las instalaciones de La Poveda de esta asociación, en la localidad de Arganda del Rey, como uno de los emblemas de su museo.

Las minas de Santa Lucía estaban conectadas con los lavaderos de carbón mediante una línea férrea, y por otra a su vez con las vías de la Compañía del Norte, más tarde Renfe. Para ese trasiego, cuenta Manuel Serrano, se llegaron a emplear también tres locomotoras de vapor adquiridas de segunda mano: La Nº 1, conocida como «Sagarminaga», construida por Sharp Stewart en 1887 y adquirida en 1907 al Ferrocarril Bilbao-Portugalete; la Nº 2, «Amézola». de la misma marca y comprada a la misma línea de ferrocarriles, y una tercera, la 030-ST, que correspondía a un lote de dos unidades fabricadas en 1882 por Robert Stephenson con los números de fábrica 2521/2522 para una sociedad británica encargada de la construcción del ferrocarril Bobadilla-Algeciras.

Esta última fue comprada por la Vasco en «una fecha incierta» y bautizada como «Olabarri». Empleada en el apartadero de Ciñera, al ser dada de baja fue trasladada a las instalaciones de Santa Lucía, donde aún permanece en el antiguo grupo Fábrica a la espera de que un día puede tener una vida mejor.

La Hullera Vasco Leonesa contó con instalaciones no sólo en Santa Lucía sino también en Matallana de Torío. Estas últimas contaron desde 1892 de una red férrea con el mismo fin, sólo que con distinto ancho de vía para adaptarse al ferrocarril de La Robla a Bilbao. Las primeras locomotoras fueron dos 020-T, cuenta también Manuel Serrano, construidas por Couillet en 1891. Más tarde, sigue narrando este investigador, se incorporaron otras dos, del tipo 021-ST, construidas en 1903 por Hudswell Clarke y destinadas, en principio, a la sociedad San Salvador Spanish Iron Ore, de Cantabria, donde recibieron los nombres de «San Justo» y «Santa Ana» que mantuvieron en la Vasco, que sólo les añadió los números 4 y 5. Hoy ambas subsisten en Gran Bretaña. La número 4, «San Justo», en el Launceston Steam Railway y la número 5, «Santa Ana», en el Brecon Mountain Railway.

Ambos museos han vuelto a dar vida a zonas parecidas a Gordón, pero con un futuro prometedor por delante. «Al margen de la falta de sensibilidad, seguimos teniendo un importante déficit de visión de futuro. No digamos nada de lámparas, candiles, cestos, hachos y picas, barrenas, faroles, cascos…», insiste Alfonso García. «La idiosincracia de los españolitos -comenta Serrano- tiene una base, «esto es viejo, ya no sirve para nada». De ahí el menosprecio a todo lo que se considere viejo, sin tener en cuenta que forma parte de nuestra historia». Hoy, sólo una pequeña representación de las pequeñas locomotoras de interior y algunos vagones decoran pueblos de Gordón como Santa Lucía, Vega o Ciñera.

La chatarra de las minas se pagó a 5 pesetas el kilo, recuerda Manuel Serrano. «Yo he presenciado como se quemaban coches de madera en Aranjuez con el único fin de recuperar el hierro o los metales. Es triste este comportamiento que nos deja sin herencia y causa una terrible envidia ver que en países como Inglaterra, Francia, Suiza…hasta en Portugal representan el progreso y la evolución de la sociedad», concluye Serrano.

Información generada por Diario de León, Manuel C. Cachafeiro. Última actualización 22/03/2015