Hay preguntas que se tardan media vida en responder. ¿Qué hace que un paisaje minero merezca figurar en la lista de Patrimonio Mundial? ¿Y qué lo deja fuera?
Con esa pregunta abrió las sesiones del V Congreso Internacional de Patrimonio Industrial y de la Obra Pública, el pasado 1 de octubre, Barry Gamble, consultor experto en patrimonio minero que lleva 27 años trabajando en candidaturas UNESCO. Su conferencia inaugural, “Mining Heritage Landscapes and the UNESCO World Heritage List”, repasó las claves de lo que es Patrimonio Mundial y de lo que no lo es. Lo hizo desde el análisis de casos de estudio en los que él mismo ha estado involucrado en los últimos años, para entender qué paisajes, con valor universal excepcional, llegan finalmente a la lista. Puede verse completa, en inglés, en el canal de YouTube de la fundación.

Recordó, además, que estar en ella es uno de los mayores reconocimientos patrimoniales que se pueden obtener, y alabó la iniciativa del Ayuntamiento de Linares por impulsar la candidatura del distrito minero Linares-La Carolina, ya en la lista provisional.

De izquierda a derecha: Juan Ignacio López Escobar, decano del Colegio Oficial de Ingenieros de Minas; Inés Durán, presidenta de FUPIA; alcaldesa de Linares, Mª Auxiliadora del Olmo; Mª Victoria López, Vicerrectora de la UJA; y Juan José Nievas, decano del Colegio Oficial de Ingenieros Industriales de Andalucía Oriental.
La quinta edición
Linares es uno de los capítulos más determinantes de la historia industrial de España. Desde la segunda mitad del siglo XIX y buena parte del XX, el distrito minero Linares-La Carolina llegó a ser uno de los principales distritos productores de plomo del mundo. Atrajo capital, tecnología y mano de obra de toda España y de países como Francia, Bélgica o el Reino Unido. Aquella actividad dejó un paisaje singular y todavía vivo, con castilletes, chimeneas, pozos, poblados mineros e infraestructuras ferroviarias. Dejó también una identidad social construida en torno a la mina.

Vista general de San Camilo, Pozo Rico y San Vicente, Linares.
La quinta edición internacional de este encuentro se celebró en el auditorio de El Pósito de Linares los días 1 y 2 de octubre, dejando el sábado 3 para las visitas fuera de la ciudad. El Pósito fue un granero en el siglo XVIII convertido después en cárcel y en colegio, y posteriormente ha sido rehabilitado como museo y centro de interpretación donde la minería ocupa un lugar central.
Desde Brasil, México y Cuba, y desde universidades y centros de toda España, llegaron estudios sobre cómo reconstruir una máquina antigua, cómo modelar en 3D una mina, qué hacer con un puente de hierro abandonado o cómo contar un patrimonio a quien nunca ha pisado una fábrica. Detrás de cada título del programa hay años de trabajo, a menudo en solitario, y el congreso es uno de los pocos sitios donde esa constancia se encuentra con quien comparte la misma pasión.

Piedra, metal y futuro industrial
Fue el decano del Colegio de Ingenieros de Minas del Sur (COIMS), Juan Ignacio López Escobar, quien mejor explicó, en la inauguración, el lema de esta edición. Piedra y metal, dijo, son el pasado; el futuro depende de lo que seamos capaces de hacer con ese legado.

Durante mucho tiempo, recordó, cuando una mina cerraba se daba su historia por terminada: se cumplía la normativa, se cerraba el expediente y el territorio quedaba en silencio. Hoy sabemos que eso no basta. La restauración minera no termina con el cumplimiento de la normativa, sino cuando el territorio encuentra una nueva función que sirva a sus habitantes y convierta un pasivo ambiental en oportunidad económica, cultural y social. Esa era, a su juicio, la clave del congreso. Esa idea tomó cuerpo en la tarde del jueves.

A las 19:00, la mesa redonda «Parques mineros y turismo industrial: ¿una solución para el patrimonio industrial minero?» reunió a Saúl Narbona (Fundación Riotinto), Francisco Orduña (Ayuntamiento de Macael) y Luis Mansilla (UCLM) en torno a una pregunta abierta que afecta a todo el patrimonio minero.
Poco después se proyectó el cortometraje Tras el Candil, que cambió el plano del debate: de los modelos de gestión a las personas. La obra narra las vivencias de las mujeres de Almadén y entrevista a 25 de ellas. Cuentan su día a día, sus angustias y miedos, el respeto hacia el hombre que bajaba cada día a la mina, y cómo sacaron adelante a sus familias las que se quedaron viudas. Lo dirige Luis Mansilla junto a Ana Isabel Trujillo, Ana Isabel Gallego-Preciados y Ana Isabel Pozo, con música de Juan Navazo, natural de Almadén y descendiente de mineros. Una charla coloquio con sus directores cerró la jornada.
Entre el debate y la pantalla había un hilo común: un parque minero conserva pozos y chimeneas, pero parte de lo que hay que conservar es la memoria de quienes esperaban arriba. Y Almadén es, además, un paisaje minero que sí llegó a la lista: forma parte del Patrimonio Mundial, junto a Idrija, como «Patrimonio del Mercurio».
Las visitas
El jueves 1 de octubre se visitó un digno caso de estudio para el congreso: el Parque Científico Tecnológico del Transporte Santana. La que fue durante décadas la factoría de Santana Motor, dedicada desde mediados del siglo XX a fabricar todoterrenos y eje de la economía local, se está consolidando hoy como un polo competitivo a nivel internacional. Pudimos ver de primera mano qué ocurre cuando una fábrica cerrada recupera actividad y qué lugar ocupa la memoria industrial en ese proceso.

El viernes 2 de octubre, el congreso recorrió el patrimonio minero de Linares guiado por el Colectivo Arrayanes, que preparó un dosier para la ocasión. La ruta pasó por, entre otros lugares, la Mina Caridad, el Mirador de las Chimeneas, y terminó en el BIC de la Fundición La Tortilla, una instalación pionera de la época. Fue la primera fábrica que reunía en un mismo recinto la fundición y todo el proceso de elaboración del plomo (planchas, tubos, balas y perdigones), además de la obtención de plata. En el año de su inauguración, 1885, se la consideró la fundición más importante de Europa.



El dosier da la escala del patrimonio: el colectivo ha inventariado 681 elementos patrimoniales, 394 de ellos en Linares, entre chimeneas, casas de máquinas, casas de bombeo y lavaderos de mineral. Es la base de su propuesta de Parque Cultural Linares-La Carolina.
También pudimos recorrer las salas de El Pósito, culminando la visita en la sala dedicada plenamente al cantante linarense Raphael.

El sábado 3 de octubre, el congreso se despidió en Cástulo y en el Centro de Interpretación de la Mina de Agua Santa María de Torreperogil, en torno a lo que fue la ingeniería de la antigüedad.
La visita guiada al conjunto arqueológico de Cástulo, enclave minero y comercial de primer orden en época iberorromana, fue ahondando en la intrahistoria de la vocación minera, culminando la ruta para deleite de los presentes en el Mosaico de los Amores. En él se representan delicadamente los mitos sobre el juicio de Paris, y el mito de Selene (la luna) y Endimión.


Las minas de agua de Torreperogil, con más de dos mil años de antigüedad, mostraron la relación milenaria entre el territorio y su subsuelo a través de las grandes obras públicas de ingeniería que tan bien fueron expuestas durante la comunicación de Pilar Orche Amaré (AAES) el día anterior, y que pudimos ver en uno de sus tramos en la mina de Santa María, la más accesible y donde se ha habilitado un acceso controlado.



Conclusiones
Si algo deja este V Congreso es la tranquilidad de que el relevo está garantizado. Una parte importante de los jóvenes investigadores que presentaron trabajos en Linares no eran caras nuevas: llevan años acudiendo a los congresos de FUPIA, edición tras edición. Ese compromiso sostenido, y no una participación puntual, es lo que asegura la continuidad en la reivindicación y la investigación del patrimonio industrial.
A ello se suma un congreso que afianzó su carácter internacional, con ponentes e investigadores de varios países, e intensificó las alianzas con otras asociaciones dedicadas a este patrimonio. Se reforzó también la colaboración con quienes impulsan iniciativas de puesta en valor educativo y turístico, mientras la actuación avanza, paso a paso, por toda Andalucía. Se mantuvo, además, el documental y otras formas de comunicación como vehículo para difundir el patrimonio industrial. Y se confirmó el congreso como un espacio de encuentro e intercambio entre investigadores de distintas áreas geográficas y ámbitos de estudio.
Todo ello convirtió a Linares durante tres días en un escenario idóneo para compartir con otros colegas, debatir y divulgar la minería como pilar del patrimonio industrial: no solo memoria, sino también oportunidad.








