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Los faros españoles que quieren ser hoteles

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30 faros guían a los barcos que se acercan a las costas andaluzas pero marcan distancias con los vecinos y turistas. Sólo el de Chipiona, el más alto de España, abre sus puertas periódicamente para que sus vecinos, turistas y amantes de las torres vigías puedan recorrerlo por dentro, conocer su funcionamiento y disfrutar de las vistas que proporciona desde su linterna. La Asociación de Amigos de los Faros demanda que este ejemplo se extienda a todas estas torres y que resulten accesible. Puertos del Estado, el organismo del Ministerio de Fomento del que dependen, planea convertirlos en restaurantes u hoteles en función de sus dimensiones y capacidades.

 

 

Sólo el año pasado, el faro de Chipiona, dependiente de la Autoridad Portuaria de Sevilla, recibió la visita de 4.500 personas. La celebración del 150 aniversario de la colocación de su primera piedra en 2013 sirvió de reclamo para esta impresionante torre que, sin embargo, ya se podía visitar desde 1998.

Pero el caso de Chipiona es una excepción en el conjunto de la comunidad autónoma. «Más de la mitad de los faros andaluces se podrían visitar actualmente sin problemas», asegura Francisco García, presidente de la Asociación Amigos de los Faros, que ha tenido la oportunidad de conocer por dentro prácticamente todas estas vigías –salvo las de Málaga–. «Los faros son patrimonio de Andalucía», reivindica, por esto reclama, convencido de su potencialidad turística, que los que son visitables abran sus puertas siguiendo el modelo de Portugal, donde todos los miércoles los faros abren sus puertas al público. Mario Sanz, farero de Mesa Roldán (Almería), aporta otro ejemplo: «En Estados Unidos casi todos los faros se han hecho visitables y contienen exposiciones sobre su historia o sobre la historia y peculiaridades de su entorno».

Pero los planes de la administración van por otros derroteros. De hecho, Puertos del Estado ha impulsado el proyecto Faros de España con el objetivo de «desarrollar un objetivo turístico, en especial, como hoteles». De hecho, el organismo estatal ya ha recibido tres proyectos, uno en Galicia y dos en Alicante, para dar uso hotelero a instalaciones en desuso de los faros marítimos. Y, aunque efectivamente son patrimonio de todos, bastaría con «una autorización expresa de la ministra de Fomento o del Consejo de Ministros, según la ubicación de la instación respecto del borde del mar», para que se pudiera convertir en un hotel o en un restaurante.

Puertos del Estado defiende también esta iniciativa porque garantiza «la conservación de los propios faros», teniendo en cuenta que muchos ya están deshabitados porque todos funcionan de forma automática, y destaca que resulta «muy interesante desde el punto de vista económico, por la inversión que supone y su repercusión en el entorno». De hecho, fuentes del organismo señalan que la apertura de los faros al uso hotelero ha despertado el interés de inversores internacionales. En concreto, según destacó recientemente el presidente de los puertos españoles, José Llorca, «existe mucho interés por parte de un inversor que explota faros en Alemania por los de Baleres para los que piensa que puede aplicar el mismo modelo que se utiliza en el Mar del Norte».

Esta propuesta, que de momento no ha recibido ninguna oferta para los faros andaluces, se encuentran con el rechazo frontal de la Asociación de Amigos de los Faros de Andalucía y de fareros como Mario Sanz: «Entiendo que no todos los faros van a ser museos o centros de interpretación, pero debería prevalecer el interés público, la cultura y la conservación del patrimonio».

Información generada por El correo de Andalucía, Carmen Prieto. Última actualización 23/05/2015