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La Diputación de Málaga acoge una exposición sobre la industria textil

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Los más jóvenes desconocerán que Málaga fue una gran potencia industrial en el siglo XIX y que destacó en distintos campos tanto a escala nacional como internacional. Lamentablemente, la industria no pasa hoy por uno de sus mejores momentos en la provincia y su peso es minúsculo en el Producto Interior Bruto local. Sin ánimo de evocar tiempos pasados pero sí con el afán de recordar esa parte importante de la historia y ponerla en valor, la Asociación en Defensa de las Chimeneas y el Patrimonio Industrial de Málaga inauguró ayer en la Diputación la exposición Memoria de la industria textil en Málaga, una muestra en la que se desgrana de forma amena cómo fue el auge y la caída de este sector desde el siglo XIX hasta nuestros días y se exponen maquinaria y tejidos.

 

La industria textil, a falta de otro, era el negocio de moda en Málaga a mediados del siglo XIX. Había una proliferación de fábricas de todo tipo principalmente en Antequera (donde coexistían 12 fábricas de hilados y tejidos de lana y bayeta, 10 de curtidos, 12 de tejidos de seda y 5 de sombreros de lana), Málaga y Ronda, aunque también había importantes talleres en Álora, Archidona, Campillos, Coín, Colmenar, Estepona, Gaucín, Marbella, Torrox y Vélez Málaga. Eran pequeños negocios especializados en el tratamiento del algodón pero en los que también se hacían, por ejemplo, sombreros, suelas o cordobanes y que daban de comer a centenares de familias en toda la provincia.

Junto a esa red había dos grandes fábricas en el siglo XIX. La más importante se llamaba Industria Malagueña y fue fundada por Manuel Agustín Heredia en 1846, aunque posteriormente pasó a ser dirigida por la familia Larios. Disponía de tres edificios en los que se fabricaban tejidos de algodón, de lino, de cáñamo y se blanqueaban telas y en los que trabajaban 2.000 personas en 1862. Todavía no existía la luz eléctrica -Edison instaló el primer sistema en Nueva York en 1882- por lo que la fábrica malagueña disponía de seis máquinas de vapor y 14 calderas para poder trabajar.

Industria Malagueña fue un auténtico referente y lideraba el mercado nacional junto a varias empresas catalanas. Esta factoría tenía los últimos adelantos tecnológicos, a lo que se unió en 1885 la compra de los telares Jacquard para producir tejidos estampados por parte de los Larios. También tenían su particular centro de I+D en el que cruzaron semillas de algodón para hacer un material más resistente. No obstante, no todo eran alegrías. En 1868 los obreros decidieron ponerse en huelga para protestar por sus bajos salarios. Varios miembros de la familia Larios temieron incluso por su vida y tuvieron que ser protegidos por la Milicia. Al final los Larios elevaron el sueldo un 20% a los operarios y se resolvió el problema, aunque en los años siguientes, al calor del nacimiento de los sindicatos, hubo más reivindicaciones.

La segunda gran fábrica de Málaga en ese periodo fue La Aurora. Fue fundada en 1856 por Carlos Larios y llegaron a trabajar allí hasta 800 personas. Contaba con 350 telares para algodón, lino y cáñamo. Entre 1860 y 1870 la industria textil malagueña fue pujante pero la Guerra de Cuba en 1898 contra EEUU dio al traste con el sector, ya que se perdió el negocio de ultramar y la competencia de las telas catalanas era enorme. La Aurora se vio obligada a cerrar en 1905 e Industria Malagueña aguantó el tipo durante varias décadas hasta que concluyó su actividad en 1970.

En el siglo XX aparecieron varios nombres destacados como Mayoral -aún sigue activo- o Confecciones Sur, perteneciente a Cortefiel. Sin embargo, el principal motor fue Intelhorce. Fue constituida como empresa pública en 1957 y en los años 70 llegó a tener 3.200 empleados. A mediados de los 80 facturaba 9.500 millones de pesetas al año pero todo se fue al garete. En 1989 se vendió a un grupo italiano dirigido por Giovanni Orefici que descapitalizó la compañía, fue detenido, juzgado, condenado y huyó. En 1996 se reflotó con el nombre de Hitemasa y 500 trabajadores pero sucumbió en 2004 por la fuerte competencia internacional y la deslocalización industrial, un fenómeno que aún perdura y que ha dejado a Málaga huérfana de uno de sus motores económicos históricos.

Información generada por malagahoy.es, Ángel Recio. Última actualización 05/02/2011.