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Cuerda al reloj de la Catedral

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En 1851, José Manuel de Zugasti fabricó en Bilbao el reloj de la Catedral de Cádiz, situado en la Torre de Levante. Realizado en una fundición de bronce y acero, y madera, el mecanismo estuvo en funcionamiento más de un siglo marcando con puntualidad los segundos, los minutos y las horas de la ciudad. En los años 60, este sistema fue sustituido por el actual eléctrico y quedó en desuso.

Tras más de siglo y medio de vida, el mecanismo del reloj regresó ayer al primer templo de la ciudad tras haber sido restaurado por el Departamento de Ingeniería Industrial e Ingeniería Civil de la Escuela Politécnica Superior de Algeciras de la UCA, con su director, Raúl Martín, a la cabeza.

Han sido tres años de un proceso minucioso para intentar recuperar su estado original tras dejar de estar en funcionamiento. Un trabajo que no servirá para volver a dar la hora, ya que los avances tecnológicos han propiciado que casi la totalidad de los relojes sean ya electrónicos, pero podrá ser contemplado por los turistas y visitantes de la Torre de Levante para conocer cómo funcionaban estos mecanismos.

El maestro de taller de la Escuela Politécnica Superior, Diego Navarro, y un alumno de la UCA estuvieron ayer durante toda la mañana montando pieza por pieza el sistema original. El lugar elegido ha sido uno de los ventanales situados bajo el campanario. Esta no es su posición original, ya que cuando estaba en uso se encontraba en la garita central de la Torre de Levante, que es prácticamente inaccesible.

Ahí, el mecanismo contaba con un sistema de cuerda con pesas que caían al vacío de la torre y se iban enrollando en unos tambores de madera. La energía que se generaba y se almacenaba se transmitía a las ruedas dentadas que estaban calibradas para dar los segundos, los minutos y las horas, una relación que se veía convertida en la esfera de la maquinaría, donde aparece la firma del relojero De Zugasti. Un eje de transmisión cruzaba la Torre de Levante para conectar con las agujas y darles movimiento en función del tiempo.

El trabajo, tal como reconoció Raúl Martín, ha sido laborioso, partiendo de la labor de los relojeros José Luis Pavón y José Martí, que mediante un convenio con la UCA permitió que se hiciera esta restauración en los talleres universitarios, siendo finalizado por los propios trabajadores de la Universidad. En 2012 se procedió al desmontaje del mecanismo para su traslado a los talleres de la Escuela Politécnica Superior de Algeciras. Esta tarea fue muy peligrosa, debido a la poca resistencia del piso de madera que estaba dentro de la garita sobre el que se sustentaba el mecanismo.

Una vez en el taller, todos los elementos fueron valorados para conocer su estado. El óxido cubría buena parte de las piezas metálicas, mientras que las maderas estaban podridas, por lo que no pudieron ser recuperadas.

A pesar de esto, en torno al 90% de las piezas originales han podido ser recuperadas gracias al trabajo de limpieza del óxido con limas, papeles de lija y maquinaria especializada para no romper los mecanismos. El resto de las partes han sido fabricadas nuevamente, especialmente los tambores realizados con madera de haya.

Tras una prueba de montaje y desmontaje realizada hace un mes, el mecanismo original recuperó ayer su estado. Sin embargo, la precisión que tuvo en su día no volverá. «Arreglar el reloj y calibrarlo para que dé la hora exacta cuesta mucho dinero y no tiene sentido. La Catedral no se puede permitir tener a una persona a diario dándole cuerda y manteniendo el reloj», explicó el profesor.

Con todo, y con la espina clavada de no haber podido montar un taller de relojería monumental, Martín expresó su «orgullo» por haber recuperado un patrimonio de la ciudad.

Información generada por Diario de Cádiz, Rafa Burgal. Última actualización 27/03/2015